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Blog APUNTES PARA VIAJAR CON ROSSELLINI
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APUNTES PARA VIAJAR CON ROSSELLINI

noviembre 27, 2014

 ROSELLINI

Estos seres del pasado viven en nosotros

en el fondo de nosotros, pesan sobre nuestro destino,

son estos gestos que vuelven desde la profundidad del tiempo.

(R. M. Rilke, 'Cartas a un joven poeta')

     A cincuenta años de su realización, mucho se ha escrito sobre Viaggio in Italia, la película que Roberto Rossellini dirigió en 1954, en plena crisis matrimonial con Ingrid Bergman, la actriz protagonista del filme. Mientras la ortodoxia de la crítica de su época, fundada sobre el impacto del cine neorrealista, acusó a Rossellini de traicionar los fundamentos del realismo cinematográfico, los jóvenes críticos de Cahiers de Cinéma, y futuros cineastas de la nouvelle vague, por el contrario, consideraron que su película era un nuevo hito en la vocación ontológica del cine como arte específico, del cine como lengua escrita de la realidad. 'Con la aparición de Viaggio in Italia, todas las películas han envejecido de golpe diez años', escribió André Bazin, el fundador de la revista francesa. 'Es la película que más y mejor enseña lo que es el cine', apuntó el futuro director Jacques Rivette, y Jean-Luc Godard sentenció: 'Una de las cinco o seis películas sobre las que uno querría escribir para simplemente decir: 'es la película más bella que jamás se ha hecho'. 

     Estamos en una escuela de cine y es importante, por tanto, situar y reconocer qué supuso la irrupción de esta película en su momento, porqué se dijo de ella que inauguraba la modernidad del cine, cómo su influencia abarca a cineastas como Godard, Bertolucci o Scorsese... Pero aún más importante sería comprobar qué nos sigue diciendo esta película, si es que nos sigue diciendo algo, y en particular qué aporta a las futuras generaciones de cineastas. 

     Os propongo que nos confrontemos con sus imágenes como Ingrid Bergman lo hace en el filme con los paisajes de la Italia meridional y las ruinas del mundo antiguo, dejándonos que nos hablen como una fuerza invisible que retorna desde el fondo de los tiempos, acosándonos a distancia.

     Probad a sentir nuestro contraste actual con el viejo filme en blanco y negro, como si éste fuera la huella que queda del cine, igual que Ingrid Bergman, al ver a la pareja sepultada por la lava en Pompeya, siente las huellas que quedan de la vida cuando ésta ha pasado, como una supervivencia que habita en el gesto. 

     Pongamos en un fundido encadenado nuestra propia ociosidad sobre el tiempo de vacaciones de Ingrid Bergman y George Sanders en el filme, y como ellos quedemos a la espera de que los hechos más simples o banales se conviertan en acontecimientos, que nos asalte la urgencia intempestiva de la imagen inmemorial, que ocurra el milagro que nos propone la película.