Blog Un hombre sin pasado. La búsqueda de la identidad en una sociedad corrompida

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Un hombre sin pasado. La búsqueda de la identidad en una sociedad corrompida

septiembre 2, 2013
Markku Peltola regala una intensa y conmovedora interpretación.

M es un hombre que ha perdido la memoria. Al llegar a la capital finlandesa, Helsinki, es apaleado por un grupo de jóvenes en un parque. La paliza es brutal y el hombre sufre daños irreversibles en el cerebro. Justo cuando los médicos lo daban por muerto en el hospital, revive, pero no es capaz de recordar absolutamente nada: ni quién es, ni de dónde viene, ni a dónde va. Lo único que se sabe de él es que era soldador (recuerden la máscara que le tiran encima después de la paliza). Una vez escapa del hospital cae a orillas de un río donde lo encuentran unos niños, cuya familia los acoge durante unos días hasta que encuentra un lugar donde vivir. Poco después conocerá a una mujer que trabaja para el Ejército de Salvación finlandés, que se encarga de proveer alimentos y ropa a la gente pobre, y ambos iniciarán una historia de amor. 

 Aki Kaurismäki es un inconformista, y entre sus características más destacadas se encuentra el hecho de oponerse a las formas clásicas del cine nórdico y rechazar los efectos de la puesta en escena, apostando por una economía de la expresión. Por lo general, sus personajes protagonistas son distantes, inertes, carentes de sentimientos, y si los tienen son interiorizados (influencia de Bresson). En cambio los secundarios de algunas de sus películas poseen una viveza poco comunes (por ejemplo, la interpretación de Elina Salo en Nubes Pasajeras es una de las más interesantes y vivas de su filmografía). Otra de las constantes del director finlandés es el humor frío que contrasta con la desesperación de los personajes y lo desgarrador de sus historias.

Un hombre sin pasado, título temático, hace referencia a la situación en la que se encuentre el personaje: al verse desprovisto de sus recuerdos, es incapaz de recordar su pasado. Bajo los ojos de una sociedad consumista y materialista, M no existe, es un cero a la izquierda, un parásito. Sin documentación y sin recuerdos no es nada. La temática de la película, por tanto, consiste en la privación de la memoria con motivo de superar los prejuicios sociales, y la necesidad de rechazar una forma de vida basada en los preceptos establecidos por la sociedad contemporánea.

A M se le elimina un pilar necesario para la supervivencia humana, la memoria, por tanto su percepción de la realidad es más pura que la del resto de personajes; no está distorsionada por unos viciados ideales sociales. Para él, el raciocinio es el arma más poderosa. Encontrará la felicidad en el amor, la supervivencia, la libertad; los pequeños placeres de la vida (como en Utopía de Tomás Moro). Esta condición de “no recuerdo”, que a primera vista puede parecer una contraevolución para el personaje, es en realidad una evolución en su vida, planteándola desde un punto de vista animal. Al final del largometraje se descubrirá que en realidad M llevaba un monótono matrimonio y era un adicto al juego: perder la memoria le supone romper las cadenas que lo mantenían atado a esa vida y evolucionar como persona para alcanzar una vida que le complace.

Kaurismäki utiliza como excusa las condiciones del personaje para mostrar los suburbios del país en el que se ha criado. Para ello toma el punto de vista del protagonista, un punto de vista paradójicamente objetivo, pues al no tener recuerdos no tiene ideales: se vale de una percepción de la realidad pura. Con ello muestra las condiciones de vida de los obreros y otros personajes desgraciados en Helsinki, que se ven constantemente acechados y humillados por un entorno sucio y poco evolucionado. Sin embargo, sus personajes poseen un gran optimismo y son realistas; saben dónde viven y qué es lo que tienen que hacer para sobrevivir.

También quedan claramente retratadas las diferencias sociales. Kaurismäki pinta las clases alta y media como tiránicas y despreciables, que serán sus obstáculos. La clase baja es, a diferencia de la anterior, muy caritativa; a pesar de que no tienen dinero ni comida, ayudan en todo momento a M y lo consideran uno de los suyos. Las características que hacen humanos a todos los personajes están reducidas al mínimo. Son inocentes y están desprovistos de maldad. A veces actúan como animales, por impulsos, con el exclusivo objetivo de sobrevivir. A lo único que parecen reaccionar, tanto ellos como el espectador, es a la música (la película está repleta de temas de rock&roll y blues, entre los que destacan temas de Marko Haavisto y Poutahauka) la cual, sin embargo, interiorizan constantemente, lo que hace difícil la empatía.

La música en las películas de Kaurismäki es crucial para poder empatizar con los personajes

Predominan, como en todas las películas del director, los planos medios y generales, siempre frontales, muy teatrales. No hay fluidez en las secuencias; la cámara suele estar estática, sin trávelins, grúas o steadycams. Hay pocos cortes, pues los planos son muy largos (a veces una misma secuencia dura más de cuatro minutos). Se aprecia la influencia que ejerce en el director tanto el cine mudo como el neorrealismo italiano. La narración, aunque es directa y sin adornos (a duras penas hay planos detalle o recargas visuales muy barrocas como las vistas en las películas de Derek Jarman y en algunas de Peter Greenaway, como El niño de Mâcon) su manera de tratar a los personajes, la utilización de la música y la pureza de sus mensajes están lejos de lo convencional, por lo que la película resulta muy exótica y verdaderamente interesante de analizar.

No quiero acabar este comentario sin destacar algunas curiosidades respecto a Un hombre sin pasado. Uno de ellos es la conmemoración que hace Kaurismäki a Matti Pellonpää, actor fetiche del director que falleció en 1995 con 44 años y que protagonizó Calamari Union, Sombras en el paraíso y La vida de bohemia, entre otras. A su vez, destacar que el actor Markku Peltola, protagonista del título en cuestión, muerto a los 51 años, aparece en otra de las obras básicas de Kaurismäki, Nubes Pasajeras, donde interpreta a un cocinero llamado Lajunen (recuerden que el verdadero nombre de M en Un hombre sin pasado es Lujanen). Y también me gustaría recomendar la hermosa conmemoración que hizo Jim Jarmusch a sus películas en una de las cuatro historias en las que dividió Una noche en la tierra, donde además utilizó al actor Matti Pellonpää, a cuyo personaje nombró Mika, como el hermano de Aki, también director de cine aunque menos conocido.

En definitiva, me siento obligado a decir que Kaurismäki es uno de los mejores cineastas europeos vivos. Creo que todas sus películas poseen un realismo estremecedor, a pesar de que se sucedan algunas situaciones disparatadas. Sus obras son tan poéticas, desgarradoras, tristes y esperanzadoras (como se puede apreciar hay de todo), que me es imposible no caer rendido ante ellas. Un hombre sin pasado es uno de los mejores trabajos del finlandés, solo superada por la increíble Nubes pasajeras.

Por David Reszka

 

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